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El ‘Lease Back’, un innovador sistema de financiación

Cada vez son más las empresas que apuestan por esta operación, una forma de ‘leasing’ con funcionamiento inverso

Convertirse en un empresario o una empresaria de éxito depende de muchas variables, pero hay una, cada vez más relevante, que se erige como un factor determinante: buscar, y acertar, cuál es la mejor manera de financiar un proyecto empresarial.

Lo que puede parecer una obviedad es, ciertamente, un aspecto vital. Es decir, el éxito de muchos empresarios va ligado, casi siempre, al conocimiento que se tiene de las distintas fuentes de financiamiento: en función de un proyecto o de otro, la forma de conseguir el dinero para su desarrollo podrá variar sensiblemente, lo que hará que una mala decisión pueda ser fulminante para los futuros intereses económicos.

Y escoger el mejor método de financiamiento no es fácil, para nada. De hecho, existen muchas opciones: desde algunas de tópicas, como las alianzas con otros inversionistas o la solicitud de un crédito bancario, hasta otras que requieren un mayor trabajo burocrático como los fondos de programas gubernamentales o la obtención de créditos con garantía hipotecaria.

Ahora bien, dentro de este paisaje financiero hay alternativas más contemporáneas como puede ser la conocida como Lease Back. Dicho concepto anglosajón se refiere a la fórmula a través de la cual una empresa puede transferir activos de su propiedad a un tercera mediante un contrato de leasing. Así, la compañía financiera le cede los bienes (ya sean muebles o inmuebles) a la empresa en arrendamiento, junto con una opción de compra a ejercitar al final del contrato.

Este camino financiero se ha hecho un hueco en poco tiempo por la posibilidad que genera de liberar los activos fijos para obtener liquidez y cubrir las necesidades a corto plazo, aunque sus ventajas van mucho más allá: desde la posibilidad que ofrece de deducir parte de la cuota financiera o su agilidad para que el cliente pueda conseguir liquidez sin que la burocracia sea un escollo.

Su punto flaco, por otro lado, existe cuando los activos de la empresa no permiten conseguir la liquidez que esta necesita, ya sea por motivos de antigüedad o por estar obsoletas. Un hándicap, no obstante, leve si lo comparamos con el abanico de posibilidades que ofrece dicha herramienta.