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Reflexión sobre dos fotos de un mismo lugar de Blanes

Imagen de la fachada de la calle Girona con Sebastià Llorens, tomada ayer / Foto: JFG

Imagen de la fachada de la calle Girona con Sebastià Llorens, tomada ayer / Foto: JFG

Esta foto se tomó ayer viernes y muestra la esquina de la calle Girona de Blanes con la concurrida Sebastià Llorens, donde una hay un gran comercio de ropa. Es una imagen casi normal, no destaca nada en ella, a excepción de que hay un anuncio de una inmobiliaria y a su izquierda otro que avisa: “Prohibit fixar cartells”.

La foto contrasta con esta otra, tomada el pasado 16 de abril en el mismo lugar. Entonces no estaba el cartelito de la prohibición. Muestra la esquina repleta de anuncios, incluido el de la inmobilairia, dando una imagen chusquera, desagradable, incluso pegasosa -cuelgan trozos de antiguos carteles y quedan restos de cinta adhesiva por doquier-, y visualmente deprimente del lugar. Es evidente que la prohición no opera para el anuncio de la inmobiliaria, que alguien -¿la persona que limpió recientemente la pared?- ha decidido amnistiar. Podríamos hacer más especulaciones sobre ese cartel, pero ese no es objeto de esta reflexión.

Esta imagen se tomó el pasado 16 de abril, en el mismo lugar que la anterior / Foto: JFG

Esta imagen se tomó el pasado 16 de abril, en el mismo lugar que la anterior / Foto: JFG

La reflexión que proponemos es que si es más amigable con el entorno urbano mantener las fachadas y todo -repito, todo-, el mobiliario urbano libre de anuncios, ¿por qué no se trabaja en esa dirección? ¿Qué hay que hacer para que las fachadas de negocios que hace tiempo dejaron de funcionar muestren una imagen decente y no sucia y decadente? ¿Corresponde o debería corresponder al personal de la limpieza viaria de Nora retirar los carteles publicitarios? ¿Por qué no aplica el Ayuntamiento la ordenanza municipal en esta materia, que prohibe fijar carteles y que contempla multas, que serían fácil de cobrar pues todos los anuncios llevan direcciones y teléfonos?

Es evidente que hay unas cuantas medidas que no cuestan apenas dinero y que pueden mejorar las ciudad. Eliminar los carteles que invaden por doquier las fachadas y el mobiliario urbano es una de ellas. ES una contaminación visualmente intolerable. Solo falta el impulso político, que debe ir apoyado inicialmente por la inevitable argumentación pedagógica de perogrullo.

Texto: José Fernández