Manifiesto del 1 de Mayo de CCOO y UGT de Cataluña

Estamos viviendo una ola reaccionaria global, guerras e inestabilidad internacional que conllevan continuas violaciones de los derechos humanos. Palestina, Líbano, Irán, Ucrania, Venezuela o Cuba son buena muestra de ello.

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No son conflictos lejanos, suponen un drama humanitario para estos pueblos y, de forma indirecta, acaban afectando también a las condiciones de vida de la clase trabajadora de todo el mundo.

Las guerras ilegales de Netanyahu, Trump o Putin han supuesto un aumento del precio de materias primas como el petróleo y el gas, con consecuencias para el conjunto de las cadenas de producción. Esto está disparando la inflación, encareciendo los alimentos, la energía y el transporte, y poniendo en riesgo puestos de trabajo y sectores económicos enteros. Este choque energético global ya amenaza con el estancamiento económico y con la pérdida de poder adquisitivo de las personas trabajadoras en Cataluña y en Europa.

La situación internacional, por tanto, agrava uno de nuestros problemas primordiales: la dificultad de acceder a una vivienda a un precio asequible, que es la principal causa de empobrecimiento de las personas trabajadoras. Sin embargo, afecta también al tiempo que destinamos al trabajo, si incluimos un tiempo de desplazamiento que cada vez es más largo, ya que cada vez tenemos que vivir más lejos.

En los últimos quince años, la economía ha crecido de forma continua, pero este crecimiento no se ha visto reflejado en el bolsillo de las personas trabajadoras. Esto se debe a que, aunque los beneficios de las empresas y de los inversores aumentan, este crecimiento no se ha trasladado a los salarios. La digitalización y la inteligencia artificial están transformando el mundo del trabajo y permiten incrementos de productividad que no pueden quedarse sólo en las cuentas de resultados de las grandes empresas y de los grandes oligarcas del nuevo capitalismo tecnofeudal.

Es necesario un sindicalismo de clase fuerte, arraigado en el territorio y capaz de defender unos salarios dignos, unas condiciones laborales y unos derechos sociales frente a un sistema económico cada vez más vulnerable a crisis globales y climáticas que acaban pagando siempre las mismas personas.

Por eso luchamos por una recuperación del poder adquisitivo de los salarios que pueda hacer frente a la inflación, por un lado, y al cada vez más lesivo precio de la vivienda, por otro. También continuaremos luchando por una reducción de la jornada laboral que compense este tiempo creciente en desplazamientos que sufrimos y que lo redistribuya a favor de la gente trabajadora, en la línea de lo que pedimos en materia de los aumentos salariales, los beneficios y la productividad que ganan las empresas.

Ante el militarismo de Putin, Trump y Netanyahu, es necesario un sindicalismo que proteja a las personas trabajadoras de todo el mundo, también en Gaza, Ucrania, Líbano y Oriente Medio.

Ante el capitalismo depredador que sólo piensa en incrementar beneficios, es necesario un sindicalismo que fuerce el reparto de la riqueza y de los beneficios.

Ante unos precios crecientes de la vivienda, el sindicalismo de clase, con el resto de movimientos sociales, lucharemos para que éste deje de ser un elemento de especulación.
Ante unas jornadas abusivas, el sindicalismo de Cataluña forzaremos la reducción de jornada.
Ante la transformación tecnológica, la digitalización y la inteligencia artificial, exigimos una transición justa que sitúe estos avances al servicio de las personas trabajadoras.

Ante un mundo cada vez más inestable, el sindicalismo es el baluarte en defensa de la clase trabajadora y la negociación colectiva, la herramienta que debe permitir consolidar y ganar nuevos derechos laborales.

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Ante la proliferación de discursos machistas y de odio, es necesario más feminismo, más igualdad y más activismo, con un mayor reconocimiento de los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBIQA+.

Ante los intentos de criminalizar a las personas trabajadoras que enferman, no daremos ni un paso atrás, y lo combatiremos allá donde haga falta. Porque estar enfermo no es ningún delito.
Ante la emergencia climática, luchamos por una transición justa que ponga en el centro a las personas trabajadoras.

Este Primero de Mayo, en nuestro país, las organizaciones sindicales valoramos la puesta en marcha del proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes, una medida de justicia imprescindible que debe garantizar derechos y poner fin a la explotación laboral. Frente a quienes promueven el odio, el sindicalismo defiende la igualdad, la convivencia y los derechos humanos. Y, en Cataluña, esto requiere, también, seguir haciendo de la lengua catalana una herramienta de cohesión social, cuya promoción es clave en el ámbito del trabajo.

Sin diversidad, igualdad y reparto de la riqueza, no existe democracia. Sin democracia, no existen derechos sociales y laborales. ¡Ante la ofensiva de la extrema derecha y el fascismo, más derechos, más igualdad y más sindicalismo!

¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO!
¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA!